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Madurez

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Mi verdadera madurez...

No fue evaluando los raspones de mis caídas,
sino cuando se me permitió 
observar detalladamente las escenas del tropiezo. 

Mi verdadera madurez...

Fue cuando reconocí que mis mañanas,
son pura especulación de las probabilidades,
por tanto agradecí humildemente al Señor
de las matemáticas simples, que hoy me permitieron despertar.

Mi verdadera madurez...

Fue cuando reconocí en mis ayeres,
mis errores y mis aciertos, mis desesperadas indecisiones,
como si fuesen la sabiduría que necesito,
tan solo para vivir este día. Un solo día.

La verdadera madurez...

Fue cuando me atreví a ofrecerme toneladas de esperanza
con un miligramo de letras envueltas en papel de regalo,
cuando no poseía ni un ápice de fe, en la vida.

Ni en mi.


No hay

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No hay,
ni espora,
ni barco,
ni ave,

que pueda compararse
con el flote que me das...

Ni siquiera estando en medio de las alas de una libélula.

No hay angustia,
ni llanto,
ni canto,
ni ausencia,

ni espacio más infinito
donde quedarse perdido...

Ni siquiera he visto escenas que me pinten poemas quedados a la mitad.

No existe desesperación alguna,
ni enfermedad,
ni frustración,
ni ansiedad,
ni nada;

que pueda ser comparada con el andar solo por los caminos,
y que no estés conmigo...

No hay.