No hay,
ni espora,
ni barco,
ni ave,
que pueda compararse
con el flote que me das...
Ni siquiera estando en medio de las alas de una libélula.
No hay angustia,
ni llanto,
ni canto,
ni ausencia,
ni espacio más infinito
donde quedarse perdido...
Ni siquiera he visto escenas que me pinten poemas quedados a la mitad.
No existe desesperación alguna,
ni enfermedad,
ni frustración,
ni ansiedad,
ni nada;
que pueda ser comparada con el andar solo por los caminos,
y que no estés conmigo...
No hay.
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Colegio
Publicado por
πxel
1 comentario:
Querido Colegio.
Un día me fui a conocerte.
En aquel entonces tú me dabas miedo.
Como si fueras a tragarme.
Yo era tan pequeño.
Entre tus aulas y mis anhelos
aprendí de tantos amigos,
profesores, compañeros.
Te enganchaste conmigo como media docena de años
y media docena de recuerdos
se me quedaron atornillados en los pupitres.
Y aunque me duela tanto
debo decir que una mitad de mí mismo
se quedó colgando en alguna pizarra.
¿Qué será?
Que en mis sueños recurrentes
me recreo en tus aulas y espacios abiertos.
Recorro pasillos.
Me pierdo en horarios.
Me enamoro sin quererlo.
Y a veces me detengo
a mirar tus paredes ya desteñidas
igual que estas fotografías que atesoro en mis recuerdos.
Querido colegio.
Padre y madre de conocimiento.
Cuna de mil sentimientos.
Para algunos, escape.
Para muchos, intento.
Para otros, un sueño.
Para mi: me reservo.
Si entonces te ignoré,
hoy, seguramente,
debo estar pagando algún precio.
Pero yo te quise,
como a las niñas Platónicas y Afroditas adolescentes
dibujadas en mi pecho.
Porque todo nuestro tiempo fue testigo
de primeros versos,
de primeros besos.
Y, bueno.
Como aquel día de cartones y aplausos,
hoy me despido desde muy adentro.
Querido colegio.
Colega regio.
Mi colegio.
Un día me fui a conocerte.
En aquel entonces tú me dabas miedo.
Como si fueras a tragarme.
Yo era tan pequeño.
Entre tus aulas y mis anhelos
aprendí de tantos amigos,
profesores, compañeros.
Te enganchaste conmigo como media docena de años
y media docena de recuerdos
se me quedaron atornillados en los pupitres.
Y aunque me duela tanto
debo decir que una mitad de mí mismo
se quedó colgando en alguna pizarra.
¿Qué será?
Que en mis sueños recurrentes
me recreo en tus aulas y espacios abiertos.
Recorro pasillos.
Me pierdo en horarios.
Me enamoro sin quererlo.
Y a veces me detengo
a mirar tus paredes ya desteñidas
igual que estas fotografías que atesoro en mis recuerdos.
Querido colegio.
Padre y madre de conocimiento.
Cuna de mil sentimientos.
Para algunos, escape.
Para muchos, intento.
Para otros, un sueño.
Para mi: me reservo.
Si entonces te ignoré,
hoy, seguramente,
debo estar pagando algún precio.
Pero yo te quise,
como a las niñas Platónicas y Afroditas adolescentes
dibujadas en mi pecho.
Porque todo nuestro tiempo fue testigo
de primeros versos,
de primeros besos.
Y, bueno.
Como aquel día de cartones y aplausos,
hoy me despido desde muy adentro.
Querido colegio.
Colega regio.
Mi colegio.
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